Tristán & Isolda (remasterizado)

hitfaceg

14.02.2006
“tienes algo de Schopenhauer”

 

Este no es un día soleado, ni tormentoso.

La luz de la luna no resplandece entre las nubes oscuras de una noche misteriosa. Los ruiseñores nocantan alegres en los árboles. No caen relámpagos sobre ninguna casa. No hay viejos con barba que apaguen farolas con mecheros.
Nadie conspira para pegarle un tiro a ningún pobre desgraciado.
La lluvia no cae.
No hace frío.

¡Hace Calor!

Un hombre está sentado en su despacho, en una silla de cuero negro. Ante él: un caos de libros, tratados, partituras amarillentas y mil cigarrillos en el cenicero. Hoy parece haberle invadido la pereza, no le apetece hacer nada. Coge un disco de la estantería. Está harto de que le tiemblen tanto las manos. Aún se siente muy en forma y capaz de hacer todo lo que hacía cuando era más joven.
¿Y quién dice que no lo es?
Él no.

¡Hay que ver qué calor hace en este maldito despacho!

Con un movimiento corto y casi convulsivo, no por falta de determinación -más bien falta de agilidad, saca un cigarrillo de un paquete rojo que siempre guarda en el bolsillo. Lo enciende. Con los ojos cerrados inspira profundamente su humo denso y cálido y, como por arte de magia, sus manos dejan de temblar.
A él que aquellos imbéciles con su lenguaje pseudo-científico no le cuenten historias de que el tabaco perjudica la salud. No piensa dejar de fumar.
Se queda mirando la carátula del disco.

Voy a llamar a mi mujer para que me haga un poco de compañía.

Sin moverse de su silla:
-¡Cristina!¡Cristina!. Su mujer no se llama Cristina ni mucho menos. Pero hoy se le ha antojado cambiarle el nombre. A los artistas como él se les antoja muchas cosas…
Cristina” sube las escaleras, tan ágil como siempre a sus cincuenta y pocos años. Ella ya conoce sus bromas. Se asombra por la puerta y le sonríe.

-Anda ¿Qué quieres?
-Ven bonita. Vamos a escuchar un poco de música.
Su mujer abre la ventana y se sienta a su lado. Enciende un cigarrillo mientras emte el disco, y juntos escuchan el primer acorde de ‘Tristán e Isolda’.

¡Qué Maravilla! ¡Cuánta perfección cabe en un simple acorde disminuido!

Y allí se quedan: Cristina y él, envueltos por esa música que nunca dejará de asombrarlos, mientras las partituras amenazan con moverse con los suaves soplos de aire que entran por la ventana.

 

SPZ

jtmc